Servicio de estudios: Colaboraciones
05-07-2026

LA FED SE MANTIENE A LA ESPERA

María Sampériz Cerezo. Diari de Tarragona

Durante los últimos años, la economía estadounidense ha desafiado una y otra vez las previsiones más pesimistas. A pesar de la fuerte subida de los tipos de interés, el mercado laboral ha seguido mostrando una notable resistencia y el consumo ha continuado sosteniendo buena parte del crecimiento económico. Sin embargo, los datos de empleo publicados esta semana apuntan a una moderación progresiva de esa fortaleza. Y, paradójicamente, eso puede convertirse en una de las mejores noticias para la Reserva Federal.

En junio, la economía estadounidense creó 57.000 nuevos puestos de trabajo, una cifra inferior a la esperada. Además, las cifras de los meses anteriores fueron revisadas de forma significativa a la baja, lo que indica que la creación de empleo venía siendo menos robusta de lo que reflejaban los datos iniciales. La tendencia reciente apunta, por tanto, a un mercado laboral que sigue creciendo, pero a un ritmo mucho más moderado.

A primera vista, la caída de la tasa de desempleo del 4,3% al 4,2% podría interpretarse como una señal de fortaleza. Sin embargo, parte de esa mejora se explica por una caída de la participación laboral, es decir, por un menor número de personas buscando activamente empleo. De hecho, se estima que, sin ese descenso de la participación, la tasa de desempleo habría aumentado.

Pero el aspecto más relevante no está en las cifras concretas de empleo, sino en lo que revelan sobre el estado general de la economía. Durante buena parte del último año, la principal preocupación de la Reserva Federal ha sido evitar que una economía demasiado dinámica terminara reavivando las presiones inflacionistas. Un mercado laboral demasiado fuerte podía traducirse en aumentos salariales elevados, mayor consumo y, en última instancia, una inflación más persistente.

Los datos de junio apuntan precisamente en la dirección contraria. La contratación pierde impulso, las horas trabajadas muestran cierta debilidad y el crecimiento de los ingresos no está generando una mejora significativa del poder adquisitivo de las familias. En otras palabras, la economía sigue avanzando, pero lo hace a una velocidad más compatible con el objetivo de estabilidad de precios que persigue la Reserva Federal.

A este cambio se añade otro factor que juega a favor del banco central estadounidense: la reciente caída de los precios del petróleo. Con el barril nuevamente por debajo de los 70 dólares, las presiones inflacionistas asociadas a la energía se han reducido de forma apreciable. Al mismo tiempo, desde la propia Reserva Federal se ha reconocido que los riesgos para la inflación han disminuido en las últimas semanas, reforzando la idea de que no existe una necesidad inmediata de endurecer aún más la política monetaria.

La conclusión no es que Estados Unidos esté creando menos puestos de trabajo que hace unos meses, sino que la economía parece avanzar hacia una situación de equilibrio. La economía sigue expandiéndose, el desempleo continúa en niveles históricamente bajos y los salarios mantienen una evolución positiva, pero todo ello sin indicios claros de sobrecalentamiento. Tras varios años luchando contra una inflación persistentemente elevada, la Reserva Federal empieza a ver cómo algunos de los desequilibrios que más le preocupaban se moderan de forma gradual. Si los próximos datos de inflación confirman esta tendencia, el banco central podría mantener una actitud mucho más paciente durante los próximos meses, algo que tanto los mercados como los hogares estadounidenses llevan tiempo esperando.

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