Servicio de estudios: Colaboraciones
04-10-2026

HASTA DONDE Y HASTA CUANDO

Noemí Diez Cebamanos. Diari de Tarragona

El adorado Euribor sigue en modo estival y lleva unas semanas totalmente desatado, superando niveles del 3,3% (el nivel más elevado desde julio 2024), todo un rally desde el 2,2% en enero de 2026, que ni el mejor postor hubiera vaticinado. Todo ello se produce en un caldo de cultivo por parte del  Banco Central Europeo (BCE) que viene incrementando los tipos de interés en sus dos últimas reuniones. 

Los nuevos ataques y bombardeos en la región de Irán con el bando americano, han disparando el precio del petróleo y por ende, el de la inflación global. El BCE en aras de defenderse de la inflación y tratar de contenerla, subió tipos tanto en junio como en septiembre. 

El riesgo de que los efectos de este shock energético tenga efectos más persistentes y terminen extendiéndose a otros precios de la economía ya es visible. Y sino atención al último dato de inflación en España: disparada al 4,9% en septiembre y el 3,1% la subyacente (que no incluye alimentos ni energía por su mayor volatilidad), ambas las tasas más altas desde febrero de 2023 y marzo de 2024 respectivamente. 

Desgraciadamente para propios y extraños parece que el principal desencadenante de su evolución futura dependa en buena medida de como se desarrolle el conflicto en Oriente Medio, así como si Estados Unidos e Irán son capaces de llegar algún tipo de acuerdo de paz, que ponga fin al tira y afloja entre ambos. 

El paradigma de expectitvas está en cuánto más subirán y cuánto tiempo tendrán que mentenerse elevados. El mercado, poco contento con esta tendencia al alza, descuenta todavía más incrementos. Lo que escuchan. La escalada podría empeorar en los próximos meses. Por lo que se da por sentado que habrá otro incremento en diciembre, pero no se descarta uno o dos más en el primer trimestre de 2027. 

El todavía aguante de las economías europeas hace que el BCE disponga de algo más de márgen para poder seguir endureciendo su política monetaria, más incluso de lo que se podía preveer hace unos meses. De hecho, el propio BCE ha sacado pecho y ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento. Bien es cierto que las declaraciones no son demasiado alagueñas en algunos foros, cuando la presidenta del BCE, Christine Lagarde, afirmaba hace unos días que la inflación todavía no había generado efectos secundarios peligrosos en la zona euro y de ahí su “moderada” respuesta en las subidas.  No obstante, seguirá defendiendo una actuación gradual y dependiente de datos. 

Lo complicado es determinar si la inflación continúa sorprendiendo al alza derivada de que la energía siga encareciéndose y si los efectos de segunda ronda son más acuciantes y el BCE se ve obligado a un mayor endurecimiento monetario. El propio banco central ha reconocido que los riesgos se inclinan hacia un entorno de inflación superior y que hay una gran incertidumbre en torno a las perspectivas. Bien es cierto que los datos apuntan a que sector manufacturero está registrando un comportamiento sólido, el mercado laboral sigue siendo robusto y la inversión también debería respaldar el crecimiento. Veremos hasta donde y hasta cuando sigue elevando los tipos de forma “mesurada” para mantener a raya la inflación y si esta se enquista en nuestros bolsillos. 



 
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