LA CONFIANZA TIENE PRECIO
Marta Pérez Amigot. Heraldo de Aragón
Francia, una de las principales economías de la eurozona, ha visto cómo el coste de financiarse ha aumentado de forma notable en los últimos meses. En algunos momentos los inversores han llegado a exigir una rentabilidad comparable a las que exigen a emisores corporativos con calificación BBB, algo poco habitual para un país considerado uno de los pilares de Europa.
No se trata sólo de una cuestión financiera. Detrás están el aumento de la deuda pública, los déficits persistentes y las dudas sobre la capacidad de corregirlos. Los mercados no cuestionan la solvencia inmediata de Francia, pero sí muestran una mayor preocupación por la evolución de sus cuentas públicas.
Francia tampoco está sola. El envejecimiento de la población, el gasto en pensiones, sanidad, defensa o transición energética presionan las finanzas de buena parte de las economías desarrolladas.
Durante años los bajos tipos de interés permitieron aplazar estas preocupaciones. Hoy los mercados vuelven a distinguir entre quienes inspiran más confianza y quienes generan más incertidumbre. La enseñanza es sencilla: la confianza sigue siendo uno de los activos más valiosos de cualquier economía. Y, una vez que empieza a deteriorarse, recuperarla suele ser más difícil que conservarla.
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