Servicio de estudios: Colaboraciones
13-02-2011

Que el ritmo no pare

Mes a mes, el inversor analiza con especial atención el dato de empleo que la economía estadounidense publica. La continuidad en la recuperación del consumo americano, que representa tres cuartas partes de su economía, se apoya en el comportamiento del empleo, de ahí su especial relevancia.

Los últimos datos conocidos, referentes al mes de enero, dieron lugar a cierta divergencia en su interpretación. Con tono negativo, la primera economía mundial creó cuatro veces menos empleo de lo previsto. Sin embargo, la tasa de de paro se redujo hasta niveles del 9%, el más bajo desde abril de 2009. La segunda lectura se obtiene cuando apreciamos que la reducción del desempleo se debió a una reducción en el número de trabajadores disponibles y no a un aumento significativo de los empleados. Una de las justificaciones más repetidas para explicarlo ha sido echar la culpa al mal tiempo, dado que el número de personas que no pudieron acudir a su puesto de trabajo fue tres veces más de lo normal. Sin embargo, esta cifra apenas representa algo más de la mitad de la reducción producida en la población activa, de ahí que nos preguntemos: ¿está Mr. Obama desincentivando la búsqueda de empleo?

En diciembre, el Gobierno Federal implementó un paquete de medidas, que básicamente consistían en ampliar las exenciones fiscales y ayudas para el desempleo en dos años más. El dilema queda abierto ahora. El Gobierno Federal fija entre sus principales pretensiones la reducción del déficit fiscal (se estima que podría alcanzar 1,5 billones de dólares en 2011), lo que limita, en cierto modo, el uso de fondos para el fomento del empleo.

El impacto del dato en los mercados no se hizo esperar. Las bolsas continuaron las alzas en los días siguientes a la publicación, pero el movimiento de mayor interés lo apreciamos en el mercado de deuda. Los tipos de interés estadounidenses siguieron con alzas, y en especial los de plazo más largo. Esta señal comienza a interpretarse como el anticipo a un posible cambio en la política monetaria de la Reserva Federal, y que de forma similar a como ocurrió en la primavera de 2004, dé lugar a una subida de tipos. Aunque la situación difiere bastante de la actual, cuando los datos muestran que el nivel de desempleados es un 54% superior, pero la población activa tan sólo es un 4,6% mayor. Por contra, los últimos comentarios por parte de la autoridad norteamericana relativos al insuficiente ritmo de recuperación del mercado de trabajo parecen dificultar cualquier incremento de tipos en el corto plazo.

A su vez, han surgido nuevamente expectativas de que las medidas cuantitativas de apoyo a la economía puedan extenderse en el tiempo (algunas voces ya hablan de nuevos incentivos para septiembre), lo que hace que resurja el miedo a una próxima espiral inflacionista.

La economía estadounidense perdió casi nueve millones de empleos durante la recesión y, dado que en 2010 tan sólo se crearon un millón, todavía quedaría por crear otros más de ocho millones, sin tener en cuenta que, mes a mes, la fuerza laboral se estima que se incrementa en unas 125.000 personas entre estudiantes e inmigrantes. Al ritmo de creación de empleo de 2010, se necesitarían más de seis años y medio para absorber la destrucción de masa laboral durante la crisis.

Pese a ello, creemos que la mayor flexibilidad y menor peso de la negociación colectiva frente al modelo europeo, podrían favorecer el ritmo y vigor de la recuperación del mercado de trabajo estadounidense.

Noemí Díez Cebamanos (ndiez@ibercaja.es). Ibercaja. Heraldo de Aragón, 13 de febrero de 2011.


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