Servicio de estudios: Colaboraciones
04-01-2026

INVERTIR SIN RIESGO, EL MAYOR RIESGO

Carlos Lasure. Diari de Tarragona

Uno de los mayores problemas que encontramos a la hora de invertir nuestros ahorros no es la falta de productos financieros, sino el miedo a asumir riesgos. Este es un sesgo normal, ya que nadie quiere perder el capital que tanto esfuerzo le ha llevado ahorrar, y es por ello por lo que buscamos en muchos casos inversiones “sin riesgo”. Sin embargo, el hecho de no asumir riesgo (entendiendo el riesgo como la posibilidad de experimentar pérdidas relevantes) no implica necesariamente que no estemos asumiendo riesgos.

Normalmente, cuando hablamos de riesgo, la inversión por excelencia en la que solemos pensar es la bolsa. Subidas y bajadas diarias, titulares alarmistas y gráficos en rojo han consolidado la percepción de que todas las inversiones que fluctúan son peligrosas, mientras que aquello que permanece estable es seguro. Pero esta visión ignora una realidad fundamental: el riesgo no desaparece por evitar los mercados financieros; simplemente adopta otras formas, menos visibles, pero igual de dañinas.

El más evidente de estos riesgos es la inflación. Mantener el dinero en productos aparentemente seguros, como cuentas corrientes o depósitos de baja remuneración, implica aceptar la posibilidad de perder poder adquisitivo casi con total seguridad. Si la remuneración de estos productos es inferior a la inflación realizada, nuestro poder adquisitivo se reduce. En otras palabras, en términos reales, perdemos dinero. No hay sobresaltos, no hay volatilidad, no hay grandes titulares, pero nuestro capital pierde valor de forma progresiva.

Lo mismo ocurre con la deuda pública a corto plazo en muchos casos, percibida como el activo refugio por excelencia. El riesgo de impago de estos instrumentos es reducido, pero el inversor asume otros riesgos, como el de reinversión, el riesgo de tipo de interés y, por supuesto, el riesgo de inflación.

Por definición, invertir implica asumir incertidumbre, pero la cuestión relevante no es cómo eliminarla, sino cómo gestionarla de acuerdo con nuestro horizonte temporal y capacidad de asunción de pérdidas. La mejor herramienta que tenemos para gestionar la incertidumbre no es otra que la diversificación, que se ha probado mucho más eficaz que la huida hacia productos “sin riesgo”.

Pensar que en el entorno actual podemos proteger nuestro ahorro sin asumir riesgos ni incertidumbres es una quimera. La falsa sensación de seguridad de los productos “sin riesgo” es uno de los mayores riesgos que podemos asumir en el contexto actual de inflación estructural y longevidad creciente. No invertir es, en sí mismo, una decisión de riesgo.

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