LA VOLATILIDAD ES LA NUEVA NORMALIDAD
Eduardo Miranda. Heraldo de Aragón
Lo que antes eran picos aislados de incertidumbre es ya una volatilidad estructural. Parece que cada mes de marzo trae un nuevo desafío: desde la pandemia hasta la crisis energética de 2022, el endurecimiento monetario más agresivo en décadas, la caída de los bancos de Silicon Valley en 2023, los aranceles de Trump en 2025 o el actual conflicto en Irán.
Esta nueva normalidad se refleja en la hipersensibilidad en los mercados. Cualquier titular dispara los precios de las materias primas, impactando en los costes empresariales y en el bolsillo ciudadano.
Para entender este entorno, son claves indicadores como el VIX (el “índice del miedo”), que mide la volatilidad esperada en el S&P500. Actualmente cotiza en torno a 25 puntos, lo que advierte de un nerviosismo latente superior a la media histórica. Otro indicador relevante es el índice de riesgo geopolítico (GPR).
Aceptar la volatilidad no es rendirse al caos, es adaptarse. La anticipación y la diversificación ya no son consejos, sino estrategias de supervivencia. En este contexto, surgen alternativas de inversión como los derivados o los índices mencionados que paradójicamente, se benefician de esta inestabilidad y aportan cierta cobertura.
El fenómeno de la habituación ha logrado que ya no esperemos a que pase la tormenta. Hemos aprendido a navegar bajo una lluvia constante.
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