ORMUZ, EL RELOJ QUE MUEVE AL PETRÓLEO
Ivan Daniel Jimenez. Diari de Tarragona
La aparente calma diplomática en Oriente Medio convive con una realidad mucho más frágil. Las negociaciones para un alto el fuego vuelve a describirse como “en fase final”, aunque las posiciones siguen lejos de encajar. Irán ofrece concesiones ya conocidas. Hezbollah rechaza el marco acordado entre Israel y Líbano. Washington mantiene exigencias que Teherán no parece dispuesto a aceptar. El mercado petrolero ha dejado de reaccionar con pánico, no porque el riesgo haya desaparecido, sino más bien porque ha aprendido a convivir con él.
La pregunta clave es qué ocurriría con el flujo normal de crudo si finalmente hubiera acuerdo y se reabriera plenamente el estrecho de Ormuz. La respuesta corta es que la oferta podría recuperarse de forma importante en pocos meses. Las principales casas de análisis estiman que la producción del Golfo se ha reducido en torno a 14,5 millones de barriles diarios respecto a los niveles previos al conflicto, una caída cercana al 57%. El escenario central apunta a que, si no hay nuevos ataques a infraestructuras y Ormuz reabre de forma segura, la mayor parte de esa producción podría volver en unos meses.
El cuello de botella no estaría solo en los pozos. También en la logística. Tras semanas de cierre o tráfico limitado, faltan buques vacíos, capacidad de transporte y tiempo para colocar de nuevo el crudo acumulado. Se calcula que la disponibilidad de petroleros vacíos en el Golfo ha caído alrededor de un 50%, unos 130 millones de barriles de capacidad. Ormuz ha llegado históricamente a mover más de 23 millones de barriles diarios. Volver a ese ritmo exigiría coordinación, seguridad marítima y confianza comercial.
Cerrar pozos tampoco equivale a pulsar un interruptor. Algunos yacimientos pueden recuperar caudal en días, como sugiere la capacidad saudí. Otros necesitan intervenciones técnicas. La presión de los reservorios, los trabajos de reacondicionamiento y la disponibilidad de materiales o personal pueden retrasar la vuelta a la normalidad.
Las previsiones externas apuntan a una recuperación media del 70% de la producción perdida tres meses después de la reapertura y del 88% tras seis meses. El dato deja una lectura clara: el reloj ya está corriendo. Cada semana que Ormuz permanece cerrado convierte la futura normalización en una tarea más lenta y más cara.
Pese al cierre, el mercado se ha adaptado mejor de lo previsto. Parte del crudo sigue cruzando Ormuz de forma opaca. EE.UU. ha elevado exportaciones con apoyo de reservas estratégicas. La demanda ha cedido más de lo esperado. Eso ayuda a explicar que el Brent se ha estabilizado cerca de los 100 dólares. Pero en cualquier caso el equilibrio sigue siendo frágil, si Ormuz siguiera cerrado más allá de junio, cada mes adicional podría añadir unos 5 dólares al barril en el tercer trimestre y hasta 15 dólares en el cuarto, por el agotamiento de inventarios.
Un acuerdo político sería condición necesaria, pero no suficiente. La reapertura de Ormuz permitiría una recuperación visible en semanas y una normalización mayoritaria en tres a seis meses. La duda es si ese momento llegará a tiempo para enfriar el mercado antes del periodo vacacional, cuando la demanda de combustibles suele ganar tracción.
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