Research Department: Collaborations
09-05-2022

El último grito

María José Martínez. Heraldo de Aragón.

Año tras año se llenan los escaparates de los colores y formas que marcan el vestuario de las pasarelas urbanas. Dentro de mi desconocimiento, diré que no dejan de sorprenderme los pantalones holgados y muy por encima de los tobillos cuando hace poco la sangre tan apenas podía circular debido a lo ceñidos que eran.

Algo parecido ocurre en la inversión. En 2020, incluso (o gracias) a la mayor reclusión global de la historia, el sector tecnológico en general (desde Amazon a Netflix pasando por gimnasios virtuales) fue la estrella; sin olvidarnos de los vinculados con los planes de transición y eficiencia energética. Los bancos aparecieron en la ecuación en 2021, con permiso de las materias primas, por su componente cíclico. Durante 2022, vuelven a ser los materiales los casi únicos triunfadores.

Me declaro culpable de tener un armario que muchos considerarían anodino: repleto de blancos y negros, con alguna pincelada del color de temporada y pocos pantalones “regaderos” que decían en mi casa. Soy consciente de que nunca seré la más “cool” en un evento, pero estoy segura que tampoco haré el ridículo. Esto no es ni mejor ni peor, simplemente opciones diferentes.

Análogamente el inversor tiene que elegir entre adaptarse a cada una de las modas (ciclos económicos y/o políticas fiscales y monetarias) o bien buscar negocios estables y crecientes en cualquier entorno de mercado.

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