ORMUZ, EL RELOJ QUE MUEVE AL PETRÓLEO
Ivan Daniel Jimenez. Diari de Tarragona
En un contexto en el que nadie sabe cuándo acabará realmente el conflicto, la pregunta decisiva es qué ocurriría con el flujo normal de crudo si finalmente hubiera un pacto y el tránsito por esa arteria energética volviera a reactivarse. La respuesta corta es que la oferta podría recuperarse de forma importante en pocos meses, aunque no de manera automática. Las principales casas de análisis estiman que la producción del Golfo se ha reducido en torno a 14,5 millones de barriles diarios respecto a los niveles previos al conflicto, una caída cercana al 57%. El escenario central apunta a que, si no hay nuevos ataques a infraestructuras y Ormuz reabre con garantías, la mayor parte de esa producción podría volver en unos meses.
El cuello de botella no estaría solo en los pozos. También en la logística. Tras semanas de cierre o tráfico limitado, faltan buques vacíos, capacidad de transporte y tiempo para colocar de nuevo el crudo acumulado. Se calcula que la disponibilidad de petroleros vacíos en el Golfo ha caído alrededor de un 50%, unos 130 millones de barriles de capacidad. Ormuz ha llegado históricamente a mover más de 23 millones de barriles diarios. Volver a ese ritmo exigiría coordinación, seguridad marítima y confianza comercial.
Cerrar pozos tampoco equivale a pulsar un interruptor. Algunos yacimientos pueden recuperar caudal en días, como sugiere la capacidad saudí. Otros necesitan intervenciones técnicas. La presión de los reservorios, los trabajos de reacondicionamiento y la disponibilidad de materiales o personal pueden retrasar la vuelta a la normalidad.
Las previsiones externas apuntan a una recuperación media del 70% de la producción perdida tres meses después de la reapertura y del 90% tras seis meses. El dato deja una lectura clara: el reloj ya está corriendo. Cada semana que Ormuz permanece cerrado convierte la futura normalización en una tarea más lenta y cara.
Pese al cierre, el mercado se ha adaptado mejor de lo previsto. Los países de la OCDE han reforzado la oferta disponible mediante mayores exportaciones y el uso de reservas estratégicas, mientras que la demanda efectiva ha cedido más de lo esperado. China ha sido clave en ese ajuste, ya que ha reducido sus importaciones de crudo apoyándose en inventarios acumulados y en una gestión más administrada de su sistema de refino. Esa combinación de oferta alternativa, menor presión compradora y consumo de existencias ayuda a explicar que el Brent se haya estabilizado en el rango de los 90-100 dólares, pese a que el riesgo geopolítico sigue intacto.
Pero, en cualquier caso, el equilibrio sigue siendo frágil. Si Ormuz siguiera cerrado más allá de junio, cada mes adicional podría añadir unos 5 dólares al barril en el tercer trimestre y hasta 15 dólares en el cuarto, como consecuencia del agotamiento de inventarios.
Un acuerdo político sería condición necesaria, pero no suficiente. La reapertura de Ormuz permitiría una recuperación visible en semanas y una normalización mayoritaria en tres a seis meses. La duda es si ese momento llegará a tiempo para enfriar el mercado antes del periodo vacacional, cuando la demanda de combustibles suele ganar tracción.
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